ClàssicsWeb, el teu espai

Almanac

Cerca de notícies

Paraules:
Tema:
Inici: Escollir data inici
Fí: Escollir data fi
Ajuda
Verso

NOTÍCIA

Cartas de amor de grandes compositores

28/7/2017 |

 

El compositor Gustav Mahler en una fotografía tomada cuando dirigía la Ópera Imperial de Viena. EL MUNDO

"Es una última y dura prueba, pero mi amor es mi fe, y estoy sedienta por el martirio", escribe Marie d'Agoult cuando deja a su marido para amar a Franz Liszt. Es uno de los fragmentos de una de las misivas que recoge el libro 'Cartas de amor de músicos' (Turner), de Kurt Pahlen.

Seguramente hay tantos tipos de amor como personas que sufren o disfrutan su influjo. En el caso de personas inusuales como los compositores, conocer sus relaciones a través de las cartas que intercambiaron con esposas y amantes sirve de guía de navegación por los mares infinitamente complejos de su psique, y ése fue el periplo que inició el musicólogo y director de orquesta Kurt Pahlen al recopilar la correspondencia amorosa de casi una treintena de grandes músicos.

La editorial Turner recupera en España este volumen titulado precisamente Cartas de amor de músicos en el que el también autor de El maravilloso mundo de la música persigue, más que penetrar en la vida emocional de los compositores, comprender mejor sus creaciones. "Hay que buscar a la persona detrás de la obra que ha creado con sufrimiento o alegría, con tormento o felicidad. Porque entonces la obra nos hablará con doble intensidad", sugiere.

Ante Pahlen desfila en su inagotable variedad la pulsión humana por excelencia. Cada uno ama (y compone) como es en lo más profundo de su naturaleza, y así Mozart se muestra ante Constanze alegre, juguetón y generoso aun en las circunstancias más adversas, cuando tiene que dormir entre ratas para ganar algún dinero. Aparte de los mensajes escatológicos que le encantan, Wolfgang manda a su mujer "2.999 besitos y medio" y se permite 'amenazarla' cariñosamente: "Esta sospecha [que él podría olvidarla] la pagarás la primera noche... y duramente".

Las cartas de Haydn a Luigia Polzelli revelan a un hombre audaz que quiere conocer "el nombre de aquel que tendrá la dicha" de poseerla. Las de Smetana son trágicas como lo fue su destino, agitadas las de Janacek, quejumbrosas las de Puccini a Elvira, extrañas las de un Chaikovski que dice amar "con todas las fuerzas" de su alma a una mujer a la que prefiere no ver, Nadezhda von Meck.

Los temperamentos inflamados están largamente representados en el libro gracias a su tendencia a la grafomanía. Son soberbias las misivas de Debussy a la fascinante Emma Bardac, mensajes sensuales y más que un punto masoquistas como los de su compatriota Berlioz a Estelle. No tiene desperdicio el de Marie d'Agoult cuando deja a su marido para seguir a Liszt: "Es una última y dura prueba, pero mi amor es mi fe, y estoy sedienta por el martirio". Tampoco, por lo poético, el del seductor Liszt a su siguiente conquista, Carolina: "Eres la oración de mi alma, el arcoíris de mis recuerdos, la estrella de mis esperanzas, el sol de mi fe".

Pahlen se detiene a analizar la carta de amor quizá más famosa escrita (que no enviada) por un compositor, la que Beethoven dedicó a su "amada inmortal". La misiva, en tres partes, comienza: "¡Mi ángel, mi todo, mi yo!" y concluye: "¡Eternamente tuyo, eternamente mía, eternamente nosotros!", y entre medias deja perlas como "¿No es una morada celestial, nuestro amor?".

Se ha especulado mucho sobre la desconocida destinataria de la carta. Pahlen se inclina por Josephine von Brunsvik, a quien el sordo genial escribió en otra ocasión: "Oh, déjeme creer que su corazón latirá mucho tiempo por mí; el mío solo puede dejar de latir por usted cuando... ya no lata más...". Fuera ella la amada inmortal o no, Josephine no quiso comprometerse con Beethoven, tan desdichado en cuestión de amores, y se casó con un aristócrata.

Más clases de amor. Tierno el de Chopin por Aurore: "Mis más dulces melodías las toco solo para ti". Cohibido e infeliz el del religioso Bruckner. Tierno y vibrante el de Granados por Amparo. Grandilocuente el de Wagner por sus muchas amadas: "¡Muramos bienaventurados, con la mirada tranquilamente transfigurada y la sagrada sonrisa de la bella superación!". Y todo lo contrario, sencillo y honesto como su música, el de Weber por Karoline Brandt.

Muy doloroso resulta presenciar el amor desesperado y temeroso de su pérdida de Mahler, que le escribe a Alma cartas de gran belleza, y la desventura de un Alban Berg que se enamora hasta el tuétano justo cuando acaba de casarse con otra mujer a la que quiere. Este amor imposible lo sitúa al borde de una escisión mental para la que busca consuelo en el más allá: "¿Cuántos años todavía hasta la eternidad que nos pertenece?".

Como no todo es amor pasional, el libro recoge las vidas apacibles con sus esposas de Verdi, Dvorak o Rimski-Kórsakov y Johann Strauss hijo en el tramo final de su vida. Las cartas mesuradas y prácticas de otro Strauss, Richard, a la única mujer de su vida, Pauline, demuestran para Pahlen que también se puede amar sin hablar.

P. UNAMUNO
El Mundo

Catclàssics, música clàssica de Catalunya a internet Amb el suport de