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¡Libiamo! Peralada

2/8/2019 |

 

De cómo ‘La Traviata’ moderna y feminista de Azorín toma cuerpo en el festival del Empordà
¡Libiamo! Peralada

¿Por qué nunca nadie menciona que el personaje de Julia Roberts en Pretty woman llora viendo La Traviata porque se siente identificada con Violetta, la cortesana protagonista? ¿Por qué la gente presupone que esa escena de la película va sólo de una prostituta ignorante que descubre la emoción de la ópera?

La respuesta hay que buscarla en el propio Verdi, el autor de este emblemático título del repertorio que incluye el famoso brindis “Libiamo ne’ lieti calici” (“Bebamos de las copas felices”) con el que el compositor milanés denunciaba la hipocresía de la sociedad de su tiempo. O al menos esa era su intención: hacer algo muy moderno, realista, casi verista, poner en escena a una prostituta que todo el mundo conocía y frecuentaba aunque nadie lo dijera. Pero la censura no se lo permitió. De todo ello se debate estos días en la producción que Peralada ha encargado al director de escena Paco Azorín y que se estrena el 5 y el 7 de este mes en el festival del Empordà.

La osadía del compositor. “Verdi tuvo la valentía de usar un argumento muy atrevido en su época. Ponía en evidencia la hipocresía de la sociedad burguesa, y ese argumento aún hoy sigue siendo válido, pues la gente puede reconocer una sociedad actual sucia e hipócrita”, señala Riccardo Frizza (Brescia, 1971). Instalado ya en Peralada, el maestro encadena ensayos con artistas, coros y orquesta. La Simfònica del Liceu se presta de nuevo a la aventura ampurdanesa. Y es que el maridaje Peralada-Gran Teatre es fórmula de futuro. Dirige el Coro Intermezzo José Luis Basso, ex titular del Liceu.

La censura. Efectivamente, en algunas cartas que Verdi escribe al empresario de la Fenice de Venecia insiste en llevarse el clásico de Alexandre Dumas hijo La dama de las camelias a su tiempo. Cosa que al final fue imposible: se recreó en una época pasada. Él venía de componer Il Trovatore y aquí cambiaba de registro, pasaba de una historia del pasado a querer poner algo contemporáneo en escena. No hay que olvidar que en París se estrenaba entonces la versión teatral de la vida de Margarita Gautier (Marie Duplessis en la realidad). “Eso nos indica que Verdi quería hacer un manifiesto de denuncia”, dice Frizza. “He vuelto a leer la novela ahora y en el prefacio, de un escritor y músico italiano, se hace un paralelismo con Pretty woman. Es la misma historia, traslada la situación que Verdi puso en escena en el s. XIX. ¡Y todo el mundo hace ver que no lo ve!”

Sempre libera! Paco Azorín, que ya dirigió en escena en Peralada Otello en el 2015 y que el año próximo hará Aída, ha pensado en el público que va por primera vez a la ópera, pero también en el connoisseur que espera un punto de vista distinto. Él apuesta por el empoderamiento de la mujer a principios del siglo XXI. “Violetta es un espíritu libre, una mujer que no necesita consejos o tutelas para ser ella misma y disfrutar de la vida y para amar con total libertad –dice–. Yo opto por hacer una lectura desde la óptica de la protagonista, transformando a Germont [el padre de Alfredo] en el enemigo y luchando contra la visión machista y opresora que la designa como una mujer extraviada”.

El esfuerzo de la soprano. “Es una producción extremadamente moderna”, asegura al teléfono Ekaterina Bakanova. La soprano rusa que debutó esta temporada en el Liceu (Les pêcheurs de perles) se siente cómoda en el papel de Violetta, lo ha cantado y lo conoce bien, por lo que puede concentrarse en el acting. “Con Azorín estoy aprendiendo cosas nuevas sobre la personalidad de Violetta, una mujer fuerte que aún sufriendo intenta no mostrar el dolor, controlar la situación. Me parece muy realista que en esta producción no perdone del todo el comportamiento de su amado”. Azorín construye un Alfredo de dos caras, el hombre que golpea a su mujer y al día siguiente le suplica que le perdone y se olvide. “Y mi Violetta lo hace, pero hasta un límite. Eso es nuevo y me encanta que ella no entienda y no acepte que una persona a la que quiere la pueda herir y no confíe en ella. Espero poder expresar todo lo que Paco quiere de mí”.

El debut de René Barbera. El tenor de origen mexicano –su bisabuelo era de Flix– y nacido en los EE.UU. (donde su apellido Barberà perdió su acento) hizo su debut español sustituyendo al tenor de I Puritani en una función del Liceu. De manera que Peralada supone su puesta de largo en la geografía española. Y con “uno de los papeles más bonitos que he cantado. El personaje es complejo, enamorado de una chica que se está muriendo. Alfredo pasa del enamoramiento a los enojos del machismo, que está allí. Y cuando ella muere, oh, es difícil cantar sin derrumbarse. En un ensayo me sucedió, trato de ponerme en sus zapatos y ya no veo a Ekaterina sino a mi esposa, y eso me tira al suelo”.

El triunfo del amor. De hecho Verdi ya liberó a Violetta. Lo de “siempre libera” es algo real en ella. Decide lo que ha de hacer, renunciar al amor por amor. El amor gana, y esa es la bofetada que el compositor lanza a su sociedad. “Nadie lo había hecho antes. Bueno, en el barroco hubo compositores que pusieron una mujer en escena, pero de forma diferente. Y después llegó la Salomé de R. Strauss, pero eran mujeres que mataban, tenían algo diabólico. Mientras que Violetta es una mujer corriente, verdadera”, apunta Frizza. Azorín además introduce un elemento que el público irá descubriendo. Una niña acaso fruto imaginario de lo que podría haber sido la relación de Violetta y Alfredo...

La partitura intimista. La música de La Traviata ha penetrado en el imaginario colectivo. “Es una ópera bastante intimista, porque a excepción del famoso brindis del primer acto y la primera escena en casa de Flora, el resto son diálogos: ella hablando con el padre de Alfredo; el dueto de amor... Es una música que toca los corazones, fluye liviana, sus melodías se recuerdan”, dice Frizza. El maestro está haciendo una producción musical casi integral, recuperando esos cortes que se hacen habitualmente en las cabalette y los duetos. Es ahí donde se subrayan las relaciones padre hijo, o entre Violetta y Alfredo, donde se identifican muchas peculiaridades de su relación. “Estamos trabajando con el detalle”, añade.

El vestuario de Ulises Mérida. El diseñador toledano recrea un París de moda y lujo. Elegante a la vez que teatral, su debut en la ópera no pasará desapercibido. “En el coro hay un cambio de roles y de vestuario que rompe las barreras entre lo masculino y femenino. Se verán personajes actuales y una Traviata muy carnal y reivindicativa”, apunta.

Reparto contrastado. El barítono hawaiano Quinn Kelsey también debuta en Peralada en el rol de Girogio Germont, el padre cruel de Alfredo. Y el resto de artistas están entre las mejores voces locales: Laura Vilà, Mercedes Gancedo, Vicenç Esteve Madrid, Carlos Daza, Guillermo Batllori y Stefano Palatchi.

Escenografía transportable. Los talleres de Figueres, Cabanes y Peralada se han encargado de la construcción de esta coproducción de Peralada con la Ópera de Oviedo. Su particularidad es que el suelo del primer acto es una tarima de 10 x 7 m. que se levanta hasta convertirse en una pared en el acto II. “Se recurre a un sistema hidráulico”, explica Vicenç Colomer, responsable técnico del Festival. “Hay que pensar en que luego pueda viajar a otros teatros, hacerla desmontable y que puedan retirarse elementos laterales para encajarla en escenarios más pequeño”. El de Peralada, no hay que olvidarlo, tiene 17 metros de boca. Uno más que el del Liceu. 

MARICEL CHAVARRÍA
La Vanguardia

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