26/9/2026 |
https://www.lavanguardia.com/cultura/20260926/11644181/netrebko-enciende-liceu-aida-shirin-neshat-leccion-opera-verite.html
El Liceu inaugura oficialmente la temporada en un momento en que la ópera está en la cresta de la ola. El género se ha vuelto este septiembre un acontecimiento cultural. Y a su visibilidad ha contribuido el alcalde de Nueva York, que ha anunciado que, de aquí a junio, regalará 70.000 entradas para los neoyorquinos que nunca hayan estado en la Metropolitan Opera House. Porque “la ópera es una de las mejores formas de arte que existen”, dice Zohran Mamdani en un dinámico Instagram.
La flamante presidenta del Liceu, Helena Guardans, tomaba nota ayer de la idea antes de la función inaugural de Aida. “Me parece una política muy buena para abrir las puertas, pero entiendo que es una acción de mecenazgo del Ayuntamiento hacia la ópera, no las regala el teatro. No sé si sería posible hacer eso aquí”.
Si ese viernes de puente en Barcelona llegaba a los cines La bola negra de los Javis, en el Liceu lucía la Aida de Shirin Neshat, un grito antibelicista que atrajo, curiosamente, a tantos políticos como gentes de la cultura y de la sociedad civil. O al menos esa era la impresión. En la Rambla, una veintena de personas armaban ruido protestando por la participación de Anna Netrebko –su debut liceísta en ópera escenificada– con mensajes como “La mayor putinista de la ópera” o “Netrebko, ¿de qué lado estás hoy?”. Un escrache al que se ha acostumbrado la soprano rusa que –hay que decirlo– se escandalizó cuando Putin invadió Ucrania y que además está nacionalizada austriaca.
Resplandeciente y metida hasta el tuétano en el personaje, Netrebko dio una lección de opéra vérité, hasta el punto que era tan real su canto que al acabar sus arias el público no osaba lanzarse al aplauso, por no romper la magia. La deseada cantante demostró amar el papel y también el montaje de la artista visual iraní, cien por cien político y crítico con la guerra y los intereses espurios de los grandes mandatarios que rigen el planeta. Porque, por mucho que se oiga a Aida gritar junto al coro “guerra, guerra, guerra inexorable” o “destrucción al ejército del opresor” –está en el libreto–, lo que subyace en esta lectura de Neshat es el retrato de los monarcas y sus poderosos sacerdotes que conducen a esa situación desesperada, ya sean de la Etiopía del antiguo Egipto en este Verdi como los ortodoxos y fanáticos de hoy en día. Verdi resuena en el presente, con un terrible catálogo de conflictos bélicos en el planeta.
La hasta ahora presidenta del consejo de mecenazgo del Liceu, Helena Guardans, fue nombrada ayer presidenta del Gran Teatre por el patronato de esa institución en el Palau de la Generalitat. La empresaria y directiva barcelonesa lleva vinculada al Liceu desde enero del 2024, impulsando la participación empresarial y la implicación de mecenas y benefactores. Su expertise en transformación de organizaciones, desarrollo de equipos y alianzas entre instituciones, empresas y otros ámbitos de la sociedad es un activo para su nueva etapa, en la que apuesta por la excelencia artística, la valentía creativa y la proyección internacional del Liceu. “Esta Aida es parte de esa valentía creativa. Si queremos atraer públicos, no podemos bajar la exigencia artística y sí debemos ser valientes con nuestras propuestas, y el Liceu de les Arts es un ejemplo. Contar con Shirin Neshat es maravilloso, porque las emociones en la ópera no quedan en el momento en que se crearon, sino que son trasladables a hoy mismo”, dijo. Primera mujer en presidir el Liceu, asegura que queda mucho por hacer desde la perspectiva de género en nuestro país. “Me encanta dar visibilidad y abrir las puertas a todas las mujeres que hay detrás. Y también en la creación de óperas queda mucho por hacer en este sentido y trabajamos en ello”. Abonada al Liceu y amante de las óperas de Mozart, Guardans se formó en Esade y en la New York University. Y de vuelta a Barcelona se inició en el sector de la publicidad, hasta fundar en 1994 Singular, empresa que presidió durante más de 30 años y que acabó experimentando fusión y adquisición. En el 2019 publicó un libro sobre lo que aprendió de sus hijos y no le enseñó la escuela de negocios que ha sido traducido al inglés, el francés y el chino.
Neshat, autora de la famosa pieza artística Mujeres de Alá, prescinde de faraones y lanza una propuesta diferente, valiente, feminista, una mirada que desmonta el orientalismo y que se opone a toda inclinación por la glorificación de la guerra. Con un gran cubículo sobre cuyas paredes proyecta sus vídeos con jóvenes que avanzan hacia un violento enfrentamiento, su puesta en escena se podría calificar de estática. “Pero es muy estética”, comentaba el público en el entreacto. “Eso de ir construyendo los cuadros poco a poco puede dar la sensación de que no ocurre nada en escena, pero, si te fijas, no dejan de pasar cosas”, decía otro. “En 1996, yo era el director artístico del festival de fotografía de Arlés e invité a Neshat, entonces una desconocida, y fue uno de los elementos más impactantes y provocó el vandalismo de la extrema derecha francesa porque ocupaba una basílica románica”, comentaba el fotógrafo Joan Fontcuberta, complacido con esta Aida.
Al regresar a sus butacas, al público le aguardaba una de las páginas más bellamente interpretadas en la historia de este teatro, el recitativo y aria “Qui Radamès verrà-O Patria Mia”, con Netrebko en estado de gracia, y el dúo “Pur ti reveggo, mia dolce Aida” junto a Radamés, un notable tenor Ivan Gyngazov. Por no hablar del lujo de contar con Ekaterina Semenchuk en el papel de Amneris, la rival de Aida, batiéndose en duelo interpretativo con Netrebko. Todo ello bajo la escolástica batuta de Antonello Manacorda. Una intensa velada que se saldó con siete minutos de aplausos y bravos.
En el palco presidencial, Guardans se rodeaba del president Salvador Illa, los ministros Ernest Urtasun (Cultura) y Jordi Hereu (Industria y Turismo), el president del Parlament, Josep Rull i Andreu, y los consellers de Presidència, Albert Dalmau, y Cultura, Sònia Hernàndez. Quien faltó fue el alcalde Collboni, por indisposición. Y la presidenta del Tribunal Supremo, María Isabel Perelló, que habría compartido pasillos con Jordi Pujol y José Montilla.
Maricel Chavarría
La Vanguardia